“Mucho más que una vida” 20

Nunca había traspasado esa puerta. Esa puerta era la antesala a las entrañas del teatro.

Otro mundo tan distinto, tan caótico y a la vez tan mágico que nada más pasar no sabía dónde tenías que pisar.

Pasillos oscuros, al ir por ellos imaginaba cuantos artistas, cuantas risas, lágrimas habrían derramado allí.

El corazón latía cada vez más rápido,-No sé por qué estoy aquí- pero a medida que se iba acercando, la intriga se hacía más fuerte.

Llegó a la espalda del escenario, lleno de cables, maderas y telones, sorteando dando saltitos para no pisar nada y no tropezar. Había mucho movimiento, los tramoyistas recogiendo cuerdas y cables tan rápido que estaba aturdida, no sabía qué hacer.

Se paró en seco, casi le cae un telón encima, se escuchó una voz que gritó -Señorita, se puede saber qué hace aquí ¡aquí está prohibido pasar, no ha leído el cartel!-, cuando entró no se fijó en ello.

-Disculpe, estaba buscando el camerino de María Duarte-. Un señor despeinado, con un mono azul se acercó. Era el regidor, muy amable le contestó.-Venga por aquí- caminando de la mano la fue diciendo que aquello era peligroso, estaban desmontando.

Pasaron lo más complicado y cuando llegaron a un pasillo lleno de puertas le indicó. – La tercera puerta es la de María.- -Muchas gracias-

Frente a la puerta blanca vieja, un cartel que ponía “María Duarte”. Dudó unos segundos en llamar,- ¿Qué hago aquí?- Hizo intención de darse la vuelta pero se dio cuenta que el regidor la estaba observando y se decidió. Llamó un par de veces, toc,toc, toc,toc. Sin respuesta, volvió a llamar, toc, toc, esta vez contesto, ¡Adelante!

Abrió la puerta, ella estaba frente al espejo, desmaquillándose, el pelo recogido con un par de horquillas y una cinta de felpa sujetándole el pelo que no se le fuera a la cara, un batín de seda con dibujos japoneses y unas zapatillas de estar por casa.

En el espejo se veía reflejado las pinturas, cremas y pelucas que había encima de su camerino.

Un sillón de oreja y el perchero con los trajes que hacía unos minutos los había visto encima del escenario.

María no se percató quien era y empezó a gritar,- ¡te dije que no pusieras esas luces en el primer acto, me quedo ciega!, ¡que sea la última vez!, ¿Me entiendes?- Lucía callada no sabía que decir.

Cuando María consiguió quitarse el maquillaje de los ojos y los abrió se sorprendió.

-¿y tú quién eres?- -Hola mi nombre es Lucía.-

 

espejo
Ave Fénix

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