¡Mucho más que una vida!Lucia volvió a la realidad, dio un brinco  dijo- ¡Vamos!, hoy va a ser un día especial, iremos a dar un paseo con el coche, ¿Dónde te gustaría ir?-

María se asustó, la hizo volver al presente, miró a Lucía con cara de sorprendida, no la hacía falta hablar, como buena actriz que era, solo con sus gestos se la entendía perfectamente. Pero al final salio de su boca – ¿Pero dónde quieres ir con la que está cayendo? ¿Estás loca?…

Desde luego tienes que estar muy loca para pasarte el tiempo con una enferma amargada como yo.- ”Dijo en voz baja si pensar que la escucharía”.- Por supuesto que estoy loca, más loca que nunca, ja, ja,ja. Por primera vez en mi vida me siento bien haciendo locuras y por eso mismo vamos a coger el coche y nos vamos a ir a un lugar indeterminado, ¿Qué te parece?-. María se quedó pensando, agachó la cabeza y dijo, -¿Por qué no?-

“Qué curioso, el cambio de sus vidas”.

A pesar que su vida pareciera monótona y que sus padres estaban en desacuerdo con la decisión que estaba tomando de pasarse todo el tiempo libre que tuviera con esa persona , ella se sentía mejor que nunca, se sentía completa, conseguía hacer reír a María, conseguía soltar su rectitud que tanto le apretaba(como si toda la vida hubiera llevado un traje que no fuera de su medida).  Se dejaba llevar.

Sus dos vidas opuestas se complementaban una a la otra.

María se pasó muchos años  alimentándose de sus personajes, tanto que nadie sabía realmente cuando era María o cuando era un personaje de los que representaba.

Para ella fue gratificante durante muchos años, realmente quería huir de su propio yo y encontró la mejor manera de disfrazarlo, cada día se ponía una careta diferente.

Admirada, envidiada, amada y  odiada, pero ella nunca se paraba a pensar en sí misma. ¿O sí?, En realidad era una forma de no mirar atrás.

Ladrona de trajes, ladrona de vidas…mascaras

Lucía se dirigió a la habitación, se tropezó con una de las cajas que todavía seguía en el pasillo y se la escuchaba decir algo pero no llegaba a entenderla- Esperemos que lunes vengan a terminar de montar los muebles para poder quitar todo esto de en medio-.

Regresó, a medida que se acercaba a ella siguió hablando esta vez si llegaba a escucharla.

-¡Verás que bonito va a quedar el salón!-.

Apareció con un chaquetón negro, la bufanda y ese gorro que tanto la gustaba a pesar de los años que tenía.

-Esto no va a terminar nunca- increpó,- te empeñaste en hacer toda la remodelación y ya llevan casi un año.-

Como si no fuera con ella, siguió poniéndola el abrigo,- Vamos hoy va a ser una gran día.

Con la ternura que la caracterizaba, terminó de ponerla la bufanda , se agachó para comprobar que estuvieran bien colocados sus pies.

Sus caras dibujaban una sonrisa especial, María de expectación, Lucía estaba como una niña cuando va por primera vez de excursión, tenía preparada una sorpresa.

Llamó al ascensor, cerró la puerta y con una gran sonrisa gritó.

-¡Vámonos!-

 

 

Ave Fénix

 

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