Aquellos pasillos largos y fríos,  no encontraba el fin, se hacía tan largo como el  túnel de aquel sueño que no lograba quitarme de mi cabeza.

Continuamente perseguido de fantasmas, espíritus y con la mochila en la espalda, esa mochila que va  llena de piedras llamadas,” rencor  odio, envidias y frustración”.

Me acostumbré a aquel peso,

para mí era mi propio yo, pero a medida que pasaba el tiempo y los años,

no conseguía moverme con soltura.

Llegó un momento que empezó a dejarme sin respiración, sin poder sentir nada más que las rocas de mi espalda.

En aquel túnel tropecé, caí y no podía levantarme, grite con todas mis fuerzas.

-¡Ayuda! ¡Ayuda!- Nadie escuchó.

Mi cuerpo inerte y sin ganas de luchar se dejó caer sin más.

Una voz profunda y serena salió de aquella mochila que llevaba en mi espalda.

– ¡Déjame!, suelta aquí estas piedras que pesan tanto y podrás salir-.

-¡Eso es imposible me pertenecen y es todo lo que tengo!-.

-prueba a soltar una y verás cómo sentirás alivio-.

-Pufff ¿por cuál me decido? Llevan muchos años con migo son mi vida, no podría elegir-.

“La vida son momentos, en cada uno de ellos  debes elegir, la que te resulte más pesada, la que te produzca más intranquilidad”.

– Que fácil parece ¡Bueno esta es la más gorda¡-

Como pude giré mi cuerpo,

introduje la mano en aquella mochila tan pesada y rescaté una roca muy vieja y fea.

Cuando la tuve en mis manos pude comprobar  escrito una palabra. “RENCOR”.

Me quedé sorprendido y pregunte…

Esto…-¿qué significa? –

– lo llevas a tus espaldas desde hace mucho-.

-¡No puedo soltarla!   Me hicieron mucho daño-,

¡Me trataron muy mal y no puedo olvidar!

.- Tú no dejaste que se llevarán el dolor y frustración. Ellos viven tranquilos mientras tú te guardaste en la mochila el peso, los demás se fueron aliviados.

Esa piedra crece más y más si no eres capaz de soltar, no podrás seguir adelante.-

Poco a poco me empecé a sentir mejor, fuera rencor.

Cada momento de la vida te otorga una forma de enseñanza”.

(Como un huraño no quería deshacerme de mi mayor tesoro, esa mochila, mi tesoro y a la vez mi condena.)

Una vez solté la primera piedra, la cual me costó mucho, me sentí distinto. Pude arrastrarme buscando  la salida de aquel túnel oscuro y frío noté en mis manos, algo escurridizas y pringosas, que una fuerza me impedía seguir.

-¡Por favor, déjame salir de aquí! ¿Qué puedo hacer? ¿Qué quieres de mí? –

Cogí aliento, arrastrando la mochila  pude dar unos cuantos pasos hacia delante.

De mi frente caían gotas de sudor que acababan en mis ojos mezclándose con las lágrimas que hacía mucho tiempo no podía derramar. Una sensación  triste a la vez placentera, poder romper mi llanto, ese llanto que me prometí no volver a derramar una lágrima más, por orgullo y dolor, se fue congelando el sentimiento.

Muy a mi pesar y con gran dolor por la sensación de quedar más ligero conseguí soltar la segunda piedra…

-Tú has venido aquí, nadie te acompañó, elegiste el camino a pesar de tener muchas oportunidades para cambiar de ruta. Elegiste estar solo, no pedir ayuda, ni cariño, tan fuerte y auto suficiente fuiste que te quedaste en aquel rincón alimentándose de tus duros recuerdos.

-¿Por cuál has decidido esta vez?-

-Siempre quise lo que los demás tenían, sin valorar lo que yo podría tener-.

-Eso es la” ENVIDIA”, nunca te dejará mirarte en el espejo sin ver la realidad. Fijarte en los demás sin mirarte a ti mismo te distorsiona tu interior “tú yo”.

Con mucho trabajo y miedo a despojarme de ella… ¡lo conseguí!

Sentía algo extraño, como la sensación de salir de casa sin esos móviles dichosos, pero cuando pasas un par de días sin ellos sientes ” la libertad”.

Mi cabeza dejó de pensar y empecé a sentir. Cerré los ojos y acurrucado sujetando las rodillas con mis manos dejando la mochila como almohada, esa mochila que pesa tanto, conseguí descansar durante unos minutos.

La culpabilidad y la sensación de frustración me invadieron de nuevo cuando fui consciente del daño que me hacía a mí mismo.

Por un momento pude sentir una corriente de aire fresco que me traspasó por toda la espalda, abriendo los ojos poco a poco, por miedo a seguir en la pesadilla, mis ojos siguieron el rayo de luz que se divisaba a lo lejos.

Muy despacio fui incorporándome, esa luz me producía sensaciones que no recordaba, cuando me quise dar cuenta ya estaba en pie y caminando etéreo y liviano sin ningún peso en mi espalda.

-¿Qué me pasa? ¿Qué es esto?-

– Gira tu cabeza y observa que dejas atrás-

Al volverme vi aquella mochila, grande y pesada que no se separaba de mi desde hace años.

-Me siento raro, distinto-

-Los cambios son difíciles, pero te puedo asegurar que una vez que consigues liberarte te sentirás mucho mejor. No tendrás que cargar con un peso que no te pertenece-.

Moraleja

En el viaje de la vida tienes que aprender a ir ligero de equipaje

“imagen pinterest”
Ave Fénix

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